El sábado 20 llega el espectáculo Madness al Teatro Carmen Conde. Un musical que lleva el sello de la reconocida compañía Yllana en el que unos maniquíes de un escaparate en rebajas cobran vida para tentar a un vagabundo con ofertas absurdas. Mitad concierto, mitad sátira social, el cuarteto de Primital Brothers versiona a capela clásicos de Amy Winehouse, The Police y Los Beatles entre otros que se entremezclan con los arreglos de Santi Ibarretxe, el fundador del grupo.
Con su lenguaje universal, han sabido ganarse al público internacional de países como Bélgica, Chile y Corea del Sur. En 2019 ganaron el prestigioso premio francés de Teatro Avignon Off y en Caracas recibieron las llaves de la ciudad. Con Madness, los integrantes de Primital Brothers: Iñigo García, Pedro Herrero, Manu Pilas y Adri Soto hacen suya la cita de Jiddu Krishnamurti que dice que “No es un signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad que está profundamente enferma.”
Adri, en la historia, el personaje central es un vagabundo. Hay una trama, sin embargo, la obra se representa en un idioma inventado, el idioma prímital. ¿Hay alguna lógica interna en ese idioma?
El lenguaje prímital es el lenguaje onomatopéyico y dadaísta, que nos caracteriza a nosotros como cuarteto vocal. La clave de todo esto es mostrar las capacidades que tenemos como grupo a capela.
La música cantada en ese lenguaje es el hilo conductor de toda la historia. Obviamente, todo está envuelto en el estilo inconfundible de la compañía teatral Yllana, el del humor gestual. Es esta combinación la que nos está dando tan buenos resultados desde hace casi diez años, cuando creamos con ellos la primera obra The Primitals, sobre una tribu, que no hablaba un idioma reconocible. A esta forma de narrar se le denomina ‘Grammelot’ y se lleva usando desde la Edad Media, cuando las compañías viajaban por toda Europa. Al no compartir el idioma, tenían que actuar mediante el gesto y un idioma común inventado. Es un poco como lo que ves en Los Minions. Hablan raro, a veces no se les entiende, pero la intención es clara.
La mezcla de ese lenguaje onomatopéyico y la dirección de la compañía teatral Yllana unido al canto a capela de Primital, ha funcionado muy bien desde hace 10 años y el pasado mes de febrero estrenamos esta obra que repite esa fórmula.
Madness es también una crítica social brutal. Vuestros mensajes funcionan bien incluso fuera de España precisamente porque sobran las palabras. Cuando creáis un show nuevo, ¿qué viene primero: la historia, los personajes, los sonidos o el ritmo?
En el caso de Madness queríamos trabajar en algo conceptual y profundo. La idea inicial se nos ocurrió con el uso de una pantalla como un elemento que pudiese caracterizar la sociedad ya que todo el mundo tiene una pantalla en la mano constantemente. Es una herramienta útil, pero provoca que mucha gente viva completamente descentrada y alocada. La idea fue creciendo y al final nos decidimos por el personaje de un mendigo que representa a alguien que se encuentra en los márgenes del sistema. O estás dentro y haces lo que está diseñado para poder permanecer dentro del sistema o estás fuera y entonces tu única solución es la perdición, la locura, el delirio. De ahí viene el título de Madness.

¿En qué momento sabéis que un sonido, una palabra o un gesto tiene ‘alma’ suficiente para quedarse en el show?
La comunicación tiene que ver con la trama. Con respecto a las palabras, muchas veces admiramos una obra de arte y la disfrutamos sin entender muy bien lo que quiere decir, o sin ceñirnos a lo literal, sino a lo que nos transmite. Imagino que a casi a todos nos pasa cuando escuchamos una canción en inglés, que más allá de entender lo que está diciendo, nos hace sentir. Lo mismo ocurre a la hora de componer, nos dejamos llevar. A veces lo que estás escuchando te emociona o te hace gracia simplemente, pero no sabes muy bien por qué. A lo mejor hemos usado una palabra que no viene a cuento, que no tiene sentido y hace gracia, pues bien, ese es el objetivo. El surrealismo también es eso, es simplemente saber que algo te transmite y disfrutarlo.
«O estás dentro y haces lo que está diseñado para poder permanecer dentro del sistema o estás fuera y entonces tu única solución es la perdición, la locura, el delirio.»
Madness es espontánea y surrealista pero detrás del canto a capela hay mucho trabajo. ¿Cómo se entremezcla la frescura que transmite el grupo y la técnica?
Nosotros tenemos todo muy medido, porque cada uno es una pieza de un pulmón de una maquinaria muy engrasada. A la hora de hacer a capela no te puedes permitir grandes improvisaciones, porque existe una especie de malla. Todo está construido para que suene como tiene que sonar. Y luego puedes ir probando dentro de esos pequeños huecos que quedan. Vas repitiendo, perfeccionando y, al final, van surgiendo golpes cómicos, cosas que no estaban en el guion, pero que probaste una noche porque crees que podían encajar. Eso también es muy bonito. Cuando estás en una obra que está en proceso de creación, llevamos menos de un año, no dejamos de pensar en qué cosas podemos mejorar. Eso mantiene una obra viva y en constante crecimiento, algo que, en otras producciones no ocurre. En muchas obras se escribe al milímetro, no te puedes salir ni un ápice, porque hay una persona entre el público que es el director o el productor y que al terminar en la función se te acerca y te dice: «oye, perdona, ¿has dicho asá en vez de así?» O «has hecho… has dado un paso a la derecha en vez de a la izquierda, ¿no?» Entiendo que sea así para el que busca la perfección, para que todo se interprete como se ha escrito y como se ha diseñado, pero para mi gusto ese tipo de cosas pierden frescura, pierden alma.
El músico Santi Ibarretxe fue el creador del grupo y en Primital Brothers sois todos veteranos ¿Cómo fueron los primeros años?”
Yo entré en el grupo en el año 2015. Pero ya desde el 2006, el grupo existía bajo el nombre de Primital Brothers. En 2010 crearon la primera obra textual a capela. Eso fue antes de la colaboración con Yllana, aunque ellos estuvieron asesorando, ya que se hizo en el teatro que gestionaban, el Teatro Alfíl de Madrid. Años después, Yllana eligió al grupo como parte del elenco para su primer cabaret, el espectáculo multidisciplinar The Hole. Aquella obra tuvo muchísimo éxito.

¿Cómo es la complicidad entre actores que comparten un lenguaje inventado?
Más allá del lenguaje inventado, trabajar con personas en algo artístico requiere un nivel de complicidad, de chispa, de confianza, de hermandad, no sé cómo decirlo, que es muy bello, pero para mí y para el resto de Primital Brothers es muy importante la química que hay entre los que estamos ahí. No solo entre nosotros sino incluso con los técnicos.
Una cosa que nos han dicho muchos es que la química que tenemos se palpa a la hora de ver nuestro espectáculo. Yo lo he comprobado en compañías en las que he estado y en compañías que he visto. En ocasiones ves que no se llevan bien o que no hay fluidez o energía, se nota que van a cumplir. Es muy mecánico. En cuanto ves a alguna compañía como la nuestra o como otras que están súper unidas, las ves disfrutar, paladear, y así, cada cosa que hacen se transmite. Como los buenos grupos de toda la vida, de Rock o de lo que sea, se nota que hay ahí una magia, que se entienden perfectamente y que luego surgen cosas impresionantes en directo.

«No dejamos de pensar en qué cosas podemos mejorar. Eso mantiene una obra viva y en constante crecimiento, algo que, en otras producciones no ocurre.»
Hablando de magia, ¿ha habido alguna anécdota, algún lugar inesperado donde de repente sientes que te ha llevado una actuación? ¿Algo mágico o algo catastrófico que haya pasado?
Recuerdo una actuación de Primital Brothers de 2018 en el Teatro Principal de Burgos, que es un teatro magnífico, muy antiguo. A los diez minutos de comenzar se fue la luz de todo el barrio. Los primeros minutos fueron de incertidumbre. Nadie se movía del asiento y de repente vimos que había como un generador que solo arrojaba una pequeña lucecita dentro del teatro.
Como somos cuatro idiotas, cogimos solo un micro o dos y empezamos a decir tonterías. Nos fuimos animando y decidimos ponernos a cantar canciones que nada tenían que ver con la obra que estábamos haciendo. El teatro estaba completamente lleno, eran las fiestas de San Pedro de Burgos. Entonces, el público empezó a remar a favor iluminándonos con la linterna del móvil, y estuvimos una hora y cuarto cantando y diciendo tonterías. La gente reía y aplaudía. Luego nos contaron en el Teatro que casi nadie había pedido el reembolso de la entrada.
Por supuesto, también pasan cosas difíciles. Una vez me caí al comienzo de la actuación y me hice una fisura en la muñeca. Estuve con el brazo colgando durante una hora y media muriéndome de dolor. Son cosas que pasan.
Si el público de Majadahonda se llevara consigo una única sensación de Madness ¿cuál os gustaría que fuera?
A veces tenemos amigos que van a vernos a diferentes funciones y creen que hemos hecho cambios de una función a otra cuando no es así. Simplemente lo percibieron de formas diferentes cada vez. Es muy bonito poder tener algo que la gente pueda ver desde distintas perspectivas y ver que sacan sus propias conclusiones. Para mí, el objetivo del arte es transmitir y conmover. Así que, lo que espero de la gente de Majadahonda es que disfruten y si se quedan con algún tipo de mensaje, pensamiento o cuestionamiento, pues bienvenido sea.
El espectáculo Madness podrá verse el sábado 20 a las 20.00h en el Teatro Carmen Conde. Es posible reservar la entrada con antelación a través de la plataforma Giglon.